Estoy cansada de los espejos que reflejan imagenes vivas de lo que ya esta muerto. Me canse de contemplar la caida de las hojas al compas de las languidas horas que escapan por la calle.
El recuerdo florece por en un jardin ajeno, tan tangible como la gruesa capa de polvo que recubre las noches que nunca compartimos.Pero el verde ya es amarillo, y la ventisca que forma el debil remolino, se ha llevado las largas miradas febriles en comunion.
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